La intervención en Venezuela; un capítulo más del viejo colonialismo
Antecedentes
La culminación del colonialismo emprendido por las potencias desde el siglo XVI, son las dos Guerra Mundiales en el siglo XX. Alemania, Italia y Japón consolidaron su Estado nación hasta finales del siglo XIX, por lo que llegaron tarde a la repartición del mundo. Los países desarrollados necesitan de grandes recursos para ser potencias, al igual que la invasión de sus mercancías en otros países, para expandir sus capitales.
Como bien sostiene Eric Hobsbawm, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, son una sola guerra con un armisticio de 20 años, peleada en dos rounds. Hay matices, por supuesto. En la primera pesa más la colisión entre nacionalismos, y la segunda fue más una confrontación entre ideologías (fascismo, comunismo y liberalismo).
El epílogo de ese periodo de guerra, dejó muy claro al mundo que no podía haber una tercera gran guerra. El armamento nuclear des-romantizó para siempre la cultura bélica. Se crearon organismos internacionales para regular y mediar las diferencias y los conflictos entre naciones; sin embargo, de manera paralela surgió la Guerra Fría. La cual no fue otra cosa que la continuidad de la disputa colonial entre las potencias, sin escalar a un conflicto de guerra mundial nuclear.

El clímax de la Guerra Fría sucedió en 1962, con el conflicto de los misiles rusos en Cuba. El mundo estuvo a punto de presenciar el inicio de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Finalmente se resolvió entre las dos potencias; Cuba fue un testigo mudo, una pieza en el tablero de ambos. Aunque la isla caribeña ganó que EU jamás volviera a intentar una invasión ¿El costo? El bloqueo económico, vigente hasta hoy.
El secuestro de Nicolás Maduro
El 3 de enero amanecimos en una realidad política distinta. El mensaje es claro; la potencia del norte hará todo lo posible para cerrar el ciclo histórico de los gobiernos progresistas en América Latina; ya no es suficiente con la presión económica, el sabotaje comercial, la propaganda ideológica, el espionaje y financiamiento a los grupos de derecha en cada país latinoamericano.
Mostró además el rostro de desesperación de Estados Unidos no sólo por hincarle el diente a la mayor reserva petrolera ante su peor crisis económica en los últimos 40 años, sino por recuperar el control de todo el continente americano, ante el avance de Rusia y China.
Se dice que la acción llamada “operación resolución absoluta”, duró en promedio dos horas a partir de las 2:00 am (hora local). El ejército norteamericano sabía exactamente dónde se encontraban Maduro y su esposa. Hay que decir lo evidente. Una invasión militar de un par de horas, en la que secuestran al Presidente del país invadido, sólo es posible con la ayuda de traidores, además de un pacto con las otras potencias para no escalar el conflicto a una guerra nuclear mundial, es decir, el mismo guion de siempre.
Dos hechos confirman lo anterior. La reciente detención del Mayor General Javier Marcano Tábata, el pasado 7 de enero por órdenes de la Presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, bajo los cargos de traición a la patria, y el silencio absoluto de China y Rusia; los principales socios comerciales de Venezuela.
Trump sabía que no podía ser de otra manera, de lo contrario, el golpe a Venezuela se podría convertir en un nuevo Vietnam. Por eso prepararon con mucha antelación la intervención militar, para legitimar la acción. Recordemos que el primer golpe de Estado que promovió EU en Venezuela fue en 2002 contra Hugo Chávez, el cual sólo duró 48 horas, pues el Presidente venezolano logró revirar y recuperar el poder, en primera porque era militar, y en segunda, porque Estados Unidos tenía otro frente abierto en Medio Oriente contra Sadam Hussein en Irak.
El entonces Presidente de EU, George W. Bush, trató de detener la ola histórica de los gobiernos progresistas con un manotazo, como lo hicieron sus predecesores en las décadas de los sesenta y setenta, con golpes de Estado (Brasil 1964, Chile 1973, Argentina 1976), pero le resultó contraproducente. Así que optaron por un proceso más lento pero más efectivo; desgastar progresivamente al régimen chavista.
La manera más eficaz de hacerlo, sin que Estados Unidos asuma una responsabilidad directa, es destruir su economía a través de la fuga de capitales, para “demostrar” que cualquier vía distinta al modelo económico norteamericano resulta en fracaso y pobreza, como si en las democracias capitalistas no existiera.
Poco se habla de la enorme crisis económica de los noventa en Venezuela previa al régimen de Hugo Chávez, quien llegó al poder a inicios de 1999, precisamente como una alternativa a la severa crisis política y económica de su país. El inicio de su mandato, coincide con el alza de precios del petróleo, lo que se reflejó en un crecimiento del PIB, superior en toda la región sudamericana. Su máximo histórico fue en 2012. Sin embargo, la muerte de Chávez en 2013 trajo consigo inestabilidad política e incertidumbre económica.
La oposición venezolana pensó que había llegado el momento de disputar el poder, pero el arraigo popular al régimen chavista lo impidió. Por lo que en ese mismo año 2013, se inició la mayor fuga de capitales registrada hasta entonces; salieron de Venezuela más de 145 mil millones de dólares, lo que desató una inflación de hasta 56% en ese mismo año.
Cierto es que Nicolás Maduro no tiene el carisma de Hugo Chávez, ni su capacidad discursiva, que ha cerrado la política a través de su Partido Socialista Unido de Venezuela, y que se le ha cuestionado el resultado electoral de 2024. Ante la asfixia política de una potencia como EU, el recurso trágico de los pueblos en América Latina ha sido el centralismo democrático a través de liderazgos carismáticos. Por su parte, los medios afines al imperio norteamericano se han encargado de demonizar y convertir en único responsable de la catástrofe económica de Venezuela, al Presidente Nicolás Maduro.
El corolario de toda esa propaganda ideológica, es la acusación del cártel de Los Soles, que hoy ya se sabe, es falsa. Como lo fue la mentira de los misiles nucleares en Irak. Pero lo más grave de todo, es la aceptación y validación de muchos latinoamericanos, acerca de la invasión militar de EU en Venezuela, es decir, la desmemoria, la despolitización, la colonización cultural e ideológica de nuestros pueblos, sin olvidar que dicha invasión militar puede convertirse en un precedente en toda la región, como una involución política, una regresión histórica a lo que fue la Operación Cóndor, con la que implementaron los Golpes de Estado en Sudamérica.
Lo sucedido el pasado 3 de enero, es tan sólo un capítulo en la historia de la defensa de los pueblos de Latinoamérica, por refrendar su autodeterminación política y económica. Tal parece que la mayor resistencia pudiera generarse paradójicamente, dentro del propio territorio de Estados Unidos. Esto aún no termina.



