IPN: 90 aniversario – Historia y antecedentes
Abraham O. Valencia Flores
Instituto Politécnico Nacional
A dos días de haber asumido la presidencia, Lázaro Cárdenas dio a conocer su Programa de Educación Pública, en el cual estableció que: “Como centro de perfeccionamiento de los profesionistas que impartan las últimas verdades de la ciencia en campos y talleres provistos y montados a la técnica más moderna, deberá fundarse una Politécnica Nacional con sus diversas ramas: agrícola, industrial y comercial”. Aunque la idea de una institución politécnica en México tiene precedentes decimonónicos como el proyecto de Maximiliano de Habsburgo en 1866 o en el siglo XX la efímera Escuela Politécnica Nacional entre 1932 y 1933, fue en 1936, bajo la praxis Cardenista, donde encontraron cauce y continuidad las reflexiones sobre una educación técnica, pero ahora acorde al discurso posrevolucionario de transformación agrícola e industrial del país.
Así, entre realidad histórica y utopía educativa, nació el IPN el 1 de enero de 1936, con la noticia publicada en El Universal titulada “La creación del gran Politécnico Nacional”, el cual no surgió como una transferencia pedagógica europea, que tiene su antecedente más remoto en el Politécnico de París de 1794, sino como una concepción mexicana de la inteligencia e ingeniería, palabra proveniente del latín ingenerare, que significa “crear”. En consonancia con lo anterior, el IPN nació apelando a la realidad histórica, principio que José Ortega y Gasset señaló en su texto La misión de la Universidad (1930) como un imperativo para las universidades, so pena de anquilosarse. Con la fundación del Poli, tal y como lo expresó su fundador Juan de Dios Bátiz, se buscó: “concretar en aspiración de gobierno un clamor popular”. Este ideal ya resonaba en el seno académico universitario desde finales de la década de los veinte, cuando diversas voces habían instado a la Universidad Nacional a que atendiese los grandes desafíos nacionales. Bajo esta premisa, es necesario recordar a esos ilustres universitarios expulsados entre 1929 y 1933 que serían fundamentales en la formación del IPN. Entre ellos, Narciso Bassols, Enrique Beltrán, Vicente Lombardo Toledano, Roberto Medellín Ostos y Juan O’ Gorman fueron protagonistas de intensos debates sobre el compromiso social de la UNAM. Argumentaban que la institución, si bien amparada en su libertad de cátedra e investigación, tenía la obligación de orientar dicho privilegio a satisfacer las necesidades apremiantes del país.

Desde 1929, el biólogo Enrique Beltrán, expuso sobre la huelga de ese año que “la Universidad parecer irse con una deuda enorme para el pueblo, del que siempre, orgullosamente, se mantuvo a la distancia que convenía para que la ropa mugrosa del pelado no fuera a manchar con su contacto la vestimenta costosa de la emperifollada señora”. Bassols refirió en la promulgación de la Ley Orgánica de 1933 de la Universidad, que muy a su pesar, su alma mater había dejado de ser Nacional para convertirse en la Universidad Autónoma de México, pues renunció a ser el órgano del Estado encargado de la función de educación profesional y pasó a ser una Universidad más en la República. Juan O’ Gorman, excomulgado por el Consejo Universitario de la Universidad por apelar a una arquitectura funcionalista, expresó en 1933 la necesidad de defender la formación de un arquitecto técnico útil a la gran mayoría de la población mexicana, frente a los embates de una arquitectura académica útil solamente a una minoría acomodada. Y Vicente Lombardo Toledano, posiblemente, el más radical de todos ellos, en el debate frente a su maestro Antonio Caso, en el Primer Congreso de Universitarios de México de 1933, sentenció que “prefería una Universidad católica a una Universidad burguesa individualista.”
Esas perspectivas educativas, pedagógicas y filosóficas encontraron cauce en el Consejo Técnico de la Escuela Politécnica (CTEP), creado el 12 de septiembre de 1935 con el objetivo de definir las finalidades, ramas, organización y ciclos de la nueva institución, en concordancia con los diagnósticos y datos de las secretarías de Estado. Desde la SEP, Gonzalo Vázquez Vela expidió 17 nombramientos para integrar el CTEP. Entre ellos, Juan de Dios Bátiz, jefe del DETIC como su presidente; el químico Roberto Medellín Ostos exrector de la Universidad; el biólogo Enrique Beltrán, el antropólogo Manuel Gamio y Mariano Moctezuma ex director de la Escuela Nacional de Ingeniería de la UNAM, bastión ingenieril de nuestro país. Estos intelectuales mantuvieron comunicación a finales de 1935 con los miembros del Consejo Nacional de Educación Superior e Investigación Científica (CNESIC), entre los que destacaron: Luis Enrique Erro, el arquitecto y muralista Juan O’Gorman, el antropólogo Miguel Othón de Mendizábal y Enrique Arreguín, exrector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y partícipe de la filosofía nicolaíta, entre otros. Las visiones pedagógicas de este grupo se fundieron con las perspectivas militares de Wilfrido Massieu, Miguel Bernard y Estanislao Ramírez Ruiz, entre otros, educados en el Colegio Militar bajo la tradición ética y de ingeniería militar de Felipe Ángeles, símbolo de lealtad y sacrificio patriótico.
Como se expresó, los trabajos del CTEPN se dieron a conocer el 1 de enero de 1936 con la noticia publicada en El Universal titulada “La creación del gran Politécnico Nacional”, fecha tomada por la comunidad politécnica como el inicio de su alma mater. En la nota se expresó el objetivo de la institución politécnica: ofrecer a la juventud mexicana, particularmente a la de las clases trabajadoras, nuevas actividades profesionales que contribuyeran a la transformación del país. La demanda de acceso de la juventud proveniente de los sectores obrero, campesino y militar fue atendida, tal y como se esbozó en los informes matriculares del Anuario de 1939. Para ese momento, el IPN había cumplido uno de sus primeros objetivos: “dar acceso en sus aulas a los sectores más desprotegidos.”

En sus primeros años de existencia, la nueva institución encontró diversas dificultades, por lo que sus profesores, alumnos e investigadores defendieron su pertinencia educativa y el compromiso social de la nueva institución. Así fue en 1938, cuando Miguel Othón de Mendizábal defendió en el Segundo Congreso de Higiene Rural la pertinencia de la carrera de Medicina Rural impartida en el IPN y la necesidad de salir de la ciudad para atender a las zonas rurales e indígenas. Así como también lo fue en 1941, cuando un grupo de investigadores politécnicos, respaldados por Manuel Sandoval Vallarta, defendió la naciente investigación científica politécnica, al enunciar que la ciencia tiene un papel importante y bien definido en todo instituto de enseñanza técnica. Lo mismo ocurrió con su defensa en 1942, cuando mediante una movilización estudiantil se resistió a la pretensión conservadora del gobierno avilacamachista de desintegrar al IPN, cuando este apenas rebasaba un lustro de existencia. Movilizaciones como esta, se repetirían en 1950 y 1956, previo a 1968.
Tras este historial de lucha, sobrevino una etapa de consolidación marcada por la fuerza de su origen. Hitos como la edificación de la Unidad Profesional Adolfo López Mateos (1959-1964), Canal 11 (1959) y la inauguración del Cinvestav en (1961-1963) cimentaron su crecimiento. A partir de 1976, con la fundación del CICIMAR, inició una expansión de sus centros de investigación que continúa hasta hoy con las recientemente inauguradas Unidades Profesionales en Palenque y Puebla. Actualmente, el IPN tiene presencia nacional con 93 unidades académicas en 38 municipios de 24 estados y atiende a 211,584 estudiantes, según su Informe Anual de 2024.
El filósofo José Gaos, quien escribió en 1959 una serie de reflexiones filosóficas Sobre la Técnica en Acta Politécnica Mexicana, expresó en una de sus obras que, a diferencia de rememorar o recordar: “Se conmemora en compañía, privada o pública, familiar y amistosa o multitudinaria, pero en compañía. Ello se debe a que la dignidad de lo digno de memoria, de lo memorable o de lo que se conmemora es efecto, no de una utilidad o beneficio meramente individual o egoísta, sino general o colectivo.” (Gaos, 1991, p. 67). Bajo esta premisa, en su 90 aniversario del IPN, es pertinente conmemorar el nacimiento del IPN en el seno del DETIC, pero también su impacto en el actual sistema de enseñanza técnica de nuestro país, incluido el Tecnológico Nacional de México (TecNM), que tiene cerca de 620 mil estudiantes. Se conmemora, el fluir de las ideas pedagógicas que dieron cauce a su fundación, y también las reflexiones salidas de su comunidad sobre la pertinencia de filosofar sobre la técnica como necesaria en los procesos de liberación de los pueblos. Se conmemora no solo las movilizaciones de sus estudiantiles politécnicos con su particular inteligencia, creatividad, intensidad y entrega- como lo aseveró Jesús Vargas- sino también su impacto en las luchas sociales y en la democratización del país. Se conmemora, además de su apertura a los sectores más desprotegidos, la lucha de alumnas, científicas, funcionarias y egresadas que han trabajado a contracorriente, para demostrar que las áreas ingenieriles y físico-matemáticas no son exclusivas de los hombres. Asimismo, se conmemoran sus aportaciones en la industria petrolera, eléctrica, civil, aeronáutica, textil, farmacéutica y de vacunología entre otras.
De cara a su 90 aniversario, el “Poli” afronta varios desafíos. El cierre del 2025 estuvo marcado por paros en más de una decena de escuelas que denuncian carencias en infraestructura, precariedad laboral y una persistente crisis de acoso laboral y de género. A este escenario se suman acusaciones de corrupción y enriquecimiento ilícito que pesan sobre la actual administración, particularmente respecto a la figura de su exsecretario de Administración, cuya influencia en la designación de funcionarios impactó en toda la estructura institucional. Ante este panorama, es menester recordar que la historia tiene como finalidad encender en el pasado la chispa de la esperanza. En el IPN, este origen posee una fundamentación ética en los objetivos de la Revolución Mexicana, tal como lo mandata su Ley Orgánica. Por tanto, en este 90 aniversario, resulta imperativo evocar la epistemología politécnica para la vida y reivindicar la generación de ciencia y tecnología para los procesos de liberación de las naciones periféricas y las clases populares, como instaba el maestro Enrique Dussel. Asimismo, resulta fundamental destacar la visión politécnica de innovación y desarrollo que ha priorizado la dignificación, la autonomía de los pueblos y la armonía con la naturaleza; principios que esta gran institución ha sostenido durante nueve décadas bajo su lema: “La Técnica al Servicio de la Patria”, o bien la Matria
Bibliografía
Gaos, J. (1991). Obras completas II, Orígenes de la filosofía y de su historia. México: UNAM.



