¿Para qué sirvió la huelga del SITUAM?
Araceli Mondragón
Aquí un esbozo de respuesta a una estudiante que me preguntó ¿Para qué sirvió la huelga?
Cada persona tendrá sus perspectivas. Cambia el panorama si se vivió desde la casa, desde las redes, desde los medios de comunicación y, por supuesto, de en qué medida hubo acercamiento y/o participación.
La huelga se estalló por dos emplazamientos: uno de alza de salarios y el otro de violaciones al contrato colectivo de trabajo.
En el rubro de violaciones, el sindicato y la representación de la rectoría lograron importantes acuerdos que impactarán la vida laboral universitaria y se obtuvieron plazas de nueva creación (este punto tiene que ver que con los cambios científicos, tecnológicos, sociales, etcétera, hay nuevas tareas que implican la creación de nuevos perfiles de plazas).
Este fue un trabajo arduo pues se afinaron términos, cláusulas, fue un ir y venir entre propuestas de las dos partes. Lo importante de este punto es que se reafirma la bilaterialidad del sindicato y las autoridades en temas de contratación, recuperación de materia de trabajo que había sido cubierta con personal de confianza y, en general, de condiciones de trabajo dentro de nuestra universidad.
(Si te interesa profundizar en el tema, en la página del SITUAM están todos los documentos que se fueron negociando, las propuestas del SITUAM, las contrapropuestas de la UAM, hasta el documento final que permitió llegar a un acuerdo).
En el tema de salarios, no se pudo romper el tope de 3.35% para todos los trabajadores y el 3% por ciento al tabulador (para trabajadores administrativos, académicos de medio tiempo y temporales; no así para académicos de tiempo completo indeterminado) y 4.83 al vale de despensa; es muy importante señalar que esto era básicamente lo que las autoridades universitarias habían ofrecido antes del estallamiento de la huelga. Lo que sí se logró fue firmar un acuerdo para la recuperación salarial. Es decir, que, hay una agenda para analizar los recursos y las posibilidades de la universidad para que las autoridades y el sindicato sigan trabajando en la mejora de salarios.
Por otra parte, más allá de los emplazamientos, la huelga obligó a la comunidad a mirarse a sí misma y se pusieron en evidencia problemas estructurales, como las enormes brechas salariales, la aguda precarización en trabajadores administrativos de base y en profesores temporales (a estos últimos se les contrata por medio tiempo aunque se les imponga doble docencia y no se les contrata por un año o por trimestres completos, de manera que en muchas ocasiones no se les pagan vacaciones).
A las y los académicos afiliados al SITUAM, y aquí habló de mi experiencia personal, la huelga nos obligó a conocer la estructura, el funcionamiento, las corrientes, los estatutos, el contrato colectivo, en fin, la dinámica del sindicato (con todo lo bueno y lo malo que puede haber) y a hacer, por primera vez, pese a los muchos años de filiación, en mayor o menor medida, vida sindical.
Personalmente me permitió conocer a muchos compañeros más allá del saludo de todos los días, me permitió escuchar sus problemas, sus sentires y lo que para ellos representa la UAM. También los académicos tomamos conciencia de lo distantes y, en ocasiones, poco sensibles a los problemas laborales que nos perciben los compañeros administrativos. De acuerdo a experiencias de años pasados, los académicos somos los que vamos sólo a votar por levantar las huelgas.
Y, en ocasiones, así ha sido, porque evidentemente nos gana la desesperación de tener la universidad abierta. Confieso que quizá en un primer momento esa fue mi expectativa. Sin embargo, las actividades de la propia huelga, el escuchar a las compañeras y compañeros, al menos en mi caso, me llevaron a cuestionar si sólo era abrir las puertas, a como diera lugar, o efectivamente, habría que buscar algún aspecto o símbolo ganado que permitiera regresar con dignidad a los trabajadores y no sentir que tantos días de lucha habían sido en vano.
Por otra parte, la huelga nos obligó a mirar a nuestra universidad, surgieron interesantes estudios e incluso propuestas sobre la UAM. Hay por ejemplo un estudio muy bueno de la Dra. Gabriela Barajas de UAM Azcapotzalco sobre la distribución presupuestal de la UAM, con análisis comparativo, no sólo de rubros y actividades; sino también por unidades, etcétera y a partir de esto una propuesta de redistribución. Hubo foros académicos en los que las y los profesores nos obligamos a pensar nuestra Universidad.
El análisis crítico también estuvo presente en algunos estudiantes que mostraron sensibilidad y conciencia y tuvieron gestos de solidaridad que para los trabajadores resultaron invaluables.
La importancia, al final, por obtener el 100% de los salarios caídos, tuvo mucho que ver con la cuestión que mencionaba antes, el hecho de regresar con un sentir de dignidad y no de derrota. Después de tantos días, de asambleas, de comités de huelga, de guardias (que hicieron sobre todo mujeres, trabajadoras administrativas para ser precisa), era importante sentir que, pese a que no se había logrado el principal objetivo: lograr más aumento salarial; no se regresaría con las manos vacías. Menos aún después de la marcha del 25 de abril en la que el rector y las autoridades universitarias intentaron anularlos o minar la legitimidad de los trabajadores del SITUAM como los interlocutores principales para el regreso a las actividades.
Imagen: Tribuna.com.mxDebo decir que también hubo gritos y sombrerazos,¡muchos! Sucedieron encuentros y desencuentros. Sobre esto, las personas que nos acercamos, poco o mucho al movimiento, tendremos nuestras experiencias para abonar al relato de lo que sucedió.



