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junio 28, 2018

Imaginemos cosas chingonas

@jorgemenecs1

El general Morelos con la pañoleta en la cabeza y el rostro de raíz afrodescendiente, no imaginaría que en el siglo XXI Los sentimientos de la nación estuvieran aglutinados sobre un césped y no sobre una constitución.

El problema es cómo re-definimos Los Sentimientos de la Nación. Si en un congreso de antropología desde la pirámide de Teotihuacán o en un partido de futbol en el mundial de Rusia.  La ubicuidad contemporánea –estar en muchas partes al mismo tiempo- me permite describir los dos escenarios.

Teotihuacán. El mito nacionalista que genera el futbol en los países del orbe (excepto en algunos raros casos), tiene  en México una amalgama tan sagrada y tan profana que no puede ser superada ni con los Niños Héroes y el Santo Niño Fidencio concursando por el amor de Belinda un domingo por la noche en horario estelar.

Parece que la dirección para llegar a la casa de la madre de la patria ya no está por la calzada de Guadalupe; la contrainsurgencia eclesiástica sería con un madruguete orquestado minutos antes de pasar la charola de la limosna: los sacerdotes reclamarán que la Basílica de Guadalupe no puede ser desplazada por el Estadio Azteca como centro de veneración nacional.

Pero mi observación participante no le da la razón a la fe; hoy día el argumento de Juan Diego para evitar encontrarse con la Morenita del Tepeyac, no es más por su tío enfermo, encontré que no es sino para no perderse el partido de la selección mexicana en horario de trabajo. Porque si en Japón le llaman hikikomori a la acción de aislamiento que los jóvenes tienen para refugiarse en la pantallas, en México le llamamos peda nacional a los partidos de futbol donde la verde es un pretexto para pintarnos la cara, izar banderas, gritar hasta el otro lado del mundo, transgredir verbal y físicamente, abrazarnos como uno solo, pero sobre todo, aislarnos por 90 minutos de una realidad con autogoles cada seis años. Mejor imaginemos cambios de juegos de poder para que lo rematemos en las urnas.

Imagino utopías en la pausa del café: que las antropólogas feministas argumentaran sin ser descalificadas de antemano. Una de ellas expondrá que la costilla de Adán es la metáfora raíz de la desigualdad social. Después de algunos contraargumentos constructivos, el congreso por fin termina con múltiples conclusiones relevantes; para la sorpresa de muchos hasta los más ortodoxos marxianos-guadalupanos que hacen trabajo de campo (en Marte), han firmado la minuta con lenguaje inclusivo, sin después quejarse con sus adjuntos al ir a mingitorio.

 Rusia: Resulta que por estar metidos en el congreso, los asistentes olvidaron ver el partido de futbol. Sólo unos policías entendieron que hablar del México Profundo incluye ver lo que pasa hoy en día en el México Profundo con el partido de México contra Suecia. Lets go!

Los azules, aunque temerosos de ser acusados de espías rusos, pusieron cartas en el asunto y con celular en mano vieron en vivo el partido. Cuando sonó el Himno Nacional Mexicano, dejaron plena constancia de que la patria no se equivoca: “un soldado en cada hijo te dio”.

Me junto con ellos a pesar de ser avisado de que puedo ser acusado de máxima traición: banalidad. Un comentarista dijo que hoy era el momento de hacer historia; mientras otro en un partido anterior remató que cuando un jugador mete un gol, es el candidato ideal  para hacer millones de hijos. Su comentario entra al terreno de lo falocéntrico, no, menos: al de la misoginia. Los internautas celebran con memes.

Otra vez una carga por la espalda. Si hace unos días los comentaristas pregonaban que la selección competiría para ser la próxima campeona del mundo, hoy con la derrota de México ante Suecia un comentarista gritó: “los mexicanos volvieron a su origen”.

Ida y vuelta. ¿Cuál es el origen de lo mexicano?  Escuché a un antropólogo preguntar, mientras yo pensaba en que sería una bajeza para todes decirle que si llegaba a una conclusión satisfactoria se merecería unas escorts. Pero entonces ¿Por qué tantos escritores mexicanos hablan del futbol cada cuatro años sin ninguna pretemporada que los acerque  a la comprensión del fenómeno? Como si la complejidad de este deporte espectáculo se resolviera rematando tuits con la mano y la mente a la derecha.

¿Lo mexicano se explica con dos triunfos y una derrota en el mundial? ¿Por qué algunos académicos y un motón de comentaristas siguen acariciando la idea de que el grito de ¡ehhhh puto!, no es homofóbico? ¿Así  pretenden vendernos la idea de que acariciemos el balón, como se acaricia a la novia?

Escucho los comentarios de burlas porque perdieron. A veces creo que los jugadores mexicanos son más autodefensas esquivando halagos sin argumentos y, en un segundo después atajando los misiles de la prensa y de un sector del público, que jugadores ocupados en el alto rendimiento. Ojalá se rebelen de los halagos, de los comerciales en serie y de la mercadotecnia para combatir el insomnio, pero que les impide concentrase en soñar profundo y después saltar al campo para seguir imaginando y haciendo cosas chingonas.